¿POR QUÉ NO PARA DE LLOVER EN COLOMBIA?

El 2022 ha sido un año extremadamente lluvioso. A diario, y durante los últimos meses, hemos visto noticias sobre ríos desbordados, derrumbes, personas fallecidas y cientos de familias que lo han perdido todo debido a las fuertes lluvias.  Tanto así que este es el año qué más víctimas fatales ha dejado el invierno durante el último lustro. Las cifras de fallecidos en el país alcanzan los 216 frente a 126 fallecidos en 2021; 96 en 2020; 139 en 2019 y 136 en el 2018.Y lo más delicado es que el invierno cesará hasta marzo del 2023 según los pronósticos técnicos.

Esta problemática, que ha afectado a todo el país e incluso a ciudades como Bogotá y a municipios vecinos como La Calera o Fusagasugá, cobra vital vigencia en esta temporada de fin de año, en la que muchas familias viajan en sus vehículos, o en transporte público, por las distintas carreteras de la geografía nacional. Según el Ministerio de Transporte, durante las festividades de fin de año del 2021 y el puente de Reyes de enero de 2022 se movilizaron 12.221.391 vehículos por las diversas carreteras.

El más reciente informe de predicción climática del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) reveló que las lluvias disminuirán un poco en las próximas semanas pero seguirán por encima de los promedios, al menos hasta marzo del próximo año, fecha hasta la cual llegaría el fenómeno de La Niña según estimaciones de la Organización Meteorológica Mundial.

De acuerdo con dicha entidad, se mantiene la probabilidad de que esa condición meteorológica continúe en lo que resta del año 2022 e inicios del 2023. Análisis propios del Ideam y de los centros internacionales de predicción climática indican que La Niña sigue presente y nos acompañará durante el primer trimestre de 2023 con una probabilidad de hasta el 54 %.

Ante la presencia del fenómeno de La Niña se mantendrán las precipitaciones superiores a lo normal entre noviembre de 2022 y enero de 2023 en algunas regiones del país. El Ideam recomienda reforzar las medidas preventivas debido a los impactos sociales, ambientales y económicos que se pueden presentar con este tipo de eventos, así como especial atención en el monitoreo de precipitaciones extremas, vendavales, granizadas, crecientes súbitas, deslizamientos, avenidas torrenciales, avalanchas e inundaciones en el territorio nacional, enfatizó el Ideam.

De hecho, el director general de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), Javier Pava Sánchez advirtió recientemente que, si el próximo año la primera temporada de lluvias alcanza a coincidir con el fenómeno de La Niña, el país podría tener intensas lluvias hasta julio del 2023. ​​

LLUVIAS, LLUVIAS Y MÁS LLUVIAS

Colombia no tiene invierno, ni verano. Eso, por su ubicación apenas por encima de la línea ecuatorial. Lo que sí tiene es meses de más y menos lluvias, así se denominan de forma técnica los cambios climáticos en las distintas regiones del país. Pero durante los últimos tres años, Colombia no ha tenido sino lluvias, lluvias y más lluvias.

Una confluencia de distintos factores, entre los que se suman la presencia casi ininterrumpida del Fenómeno de La Niña desde 2020, un océano Pacífico frío y un océano Atlántico caliente, una intensificación de la circulación general atmosférica, temporadas atípicas de huracanes, entre otras situaciones, nos tienen desde hace tres años con el agua al cuello. El resultado: lluvias que en algunos casos han llegado a ser 60 % superiores a los promedios.

Basta con ver lo que ha sucedido para entender que esta es una de las temporadas recientes en las que Colombia más ha estado pasada por agua. Por ejemplo, en La Mojana, en el noroccidente del país, campesinos denuncian que las inundaciones les han impedido cultivar desde hace dos años. A finales de 2020, por primera vez en la historia, el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina recibió el impacto de un huracán de categoría cuatro, dejando a su paso cuatro fallecidos, 6.000 damnificados y el 98 % de la isla de Providencia destruida.

En este 2022, las precipitaciones se han casi que mantenido sin interrupción, lo que ha ocasionado que las grandes cuencas del país no bajen sus caudales: una situación que pone en riesgo a miles de personas, si se tiene en cuenta que la mayoría de centros poblados del país están ubicados en laderas de montañas y en cercanías a los ríos.

EFECTOS DE LA ACCIÓN HUMANA

González señala que si bien estos comportamientos climatológicos son cíclicos y naturales, lo que hemos visto —durante los últimos años— ha sido un recrudecimiento de los mismos, impulsado por la acción humana que está inyectando en la atmósfera gases de efecto invernadero que generan el calentamiento global y que han ayudado a cambiar la climatología en todo el mundo.

Esos cambios, en lo que se entendía como normal y ahora es atípico —como una Niña que dura tres años pero que también es muy fuerte— son un reflejo, según la directiva, del cambio climático.

Ya tenemos otras lecturas del clima en el planeta que tenemos que tener en cuenta en nuestro diario vivir. Antes sabíamos que se presentaban ciclos de Niña cada 20 años, que son intensos, y cada 10 años hay ciclos moderados. En 2010 y 2011 tuvimos una Niña fuerte pero no extensa. En el 98, 99 y 2000 tuvimos una Niña extensa. La de 2020, 2021 y 2022 no ha sido solo extensa sino también muy fuerte. Entonces, este conocimiento básico que teníamos ya tiene otros patrones a los que nos tenemos que adaptar, señala González.

Una posición con la que está de acuerdo Emel Vega, director de la maestría en Meteorología de la Universidad Nacional y experto en temas climáticos. Para él, lo que hemos visto es una suma entre cambio climático junto con la influencia de la Niña, la intensificación de la circulación general atmosférica, un océano Atlántico frío, un océano Pacífico caliente que además han tenido altas dosis de radiación solar y una zona de confluencia intertropical activa, aunado a una Oscilación Cuasi-Bienal. Básicamente: un escenario perfecto para que llueva, llueva, llueva y no pare de llover.

Es posible que como consecuencia del cambio climático las temperaturas de los océanos se estén haciendo más cálidas; pero, más allá de eso, lo que hemos visto es una conjugación de factores que se producen cada ciertas décadas. Y esto que hemos tenido es poco usual y no se repetirá pronto. Para que volvemos a ver algo así tendrá que pasar un cuarto medio siglo más, destaca Vega.

Para él, más allá de las lluvias, lo que debería pensar el país es en adaptación ante ellas y un aprovechamiento de las mismas. De acuerdo con Vega, la gran cantidad de desastres que hemos visto responde a una mala planificación territorial y a un crecimiento que no ha tenido en cuenta los riesgos de construir en zonas por donde el agua transita.

Además el país, a pesar de ser uno de los lugares donde más llueve del mundo, no ha logrado aún aprovechar ese recurso hídrico, por lo que en la mayoría de los casos la presencia de fuertes lluvias termina traduciéndose en escorrentías que van a parar a ríos y mares, y no a espacios donde puedan ser almacenados y aprovechados.

Yo esperaría que para la próxima ocasión que ocurra un evento de este estilo las ciudades colombianas tengan un mejor sistema de drenaje. Pero adicionalmente que los ríos de Colombia tengan un sistema de almacenamiento alterno. Y que tengamos unos sistemas de canales de irrigación que puedan ayudar a disminuir las inundaciones, destaca Vega.

Tomado de: https://www.eltiempo.com/vida/medio-ambiente/por-que-no-para-

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